miércoles, 14 de enero de 2009

Belleza


Al alma lo que aprendes de la vida

Al tiempo todo aquello que desdeñas

La belleza son notas compartidas

El tiempo de vivir te las enseña


El alma de aprender jamas se cansa

Con ese razonar siempre viajero

Recuerda que tu luz jamas descansa

Si llevas al amor por compañero


He visto la belleza en tantas cosas

Y el mundo se ha empeñado en olvidarlas

Será que para verlas siempre hermosas

Las tienes que sentir al recordarlas


Me quedo con la luz de mis recuerdos

Que es el alba que enciende mi alegría

Si no existe belleza entre los cuerdos

Belleza es mi locura cada día.



Y pensé...



Hoy vi volar al viento entre gaviotas,
sobre un mar que queria ser de espuma.
Al mar romper su ira en diez mil gotas,
sobre rocas que salen de la bruma...

"Y pense...Señor, tanta pureza,
podrá quedar en palabras resumida?
O quizá representar tanta belleza;
solo quede a Tus manos permitida?"

He visto al mar peregrino de la playa,
en olas que querían ser de viento,
y he visto al horizonte ser la raya,
donde se funden el mar y el firmamento...

"Y me senti... Señor, parte de todo,
testigo mudo de algo tan inmenso,
que al alma se le llenan los recodos,
con este sentimiento tan intenso"



martes, 13 de enero de 2009

Los bubal



Impresionante fotografia, verdad? Es la tribu de los Bubal, en Africa, y como puedes ver... no es una tribu cualquiera, porque es dificil ver, por ejemplo, a un hombre sentado sobre sus propios testiculos... aunque para ellos es... lo mas normal del mundo.
Quiza la clave sea su alimentacion tan particular...
Y es que no es solo uno ni dos, sino todos los varones de la tribu, que habita entre Kenia y Somalia, los que exhiben esos testiculos anormalmente grandes.
Y si decimos lo de su peculiar alimentacion es porque ciertamente... no creo que nadie tenga esas costumbres... ni esos cojones, porque son los huevos mas grandes del mundo... sin duda.

Los adultos tienen por costumbre chupar la vagina de las vacas, ya que creen que eso les aporta coraje y valentia. ademas, a los niños se les da de comer, entre otras cosas, el flujo menstrual de las propias vacas, algo que hacen con asiduidad hasta que se casan.
Debido a ello, se libran de padecer anemia, ya que ese liquido menstrual es rico en vitaminas B6, B12, E y D, segun acaba de descubrir un grupo de cientificos italianos.
Sin embargo, la ingestion de hormonas les lleva a, pasada la adolescencia, experimentar un aumento en el tamaño de sus testiculos, que llegan a alcanzar diametros de hasta 80 centimetros.
Vamos, que se hacen merecedores de tener los testiculos mas grandes del mundo... por cojones.

Algunos investigadores aseguran que se trata de casos de elefantiasis escrotal... y seguramente no les falta razon. Yo me quedo con el segundo que esta de pie, empezando por la derecha... se le marcan todas las costillas... pero a la hora de marcar testiculos... no tiene nada que envidiar a sus compañeros. Esta deformidad fisica no les representa ningun problema en cuanto al hecho de la reproduccion, aunque si que conlleva otros problemas... que saltan a la vista. Aunque los Bubal han sabido aprovecharlo para beneficio propio.
Algunos de los turistas que los visitan suelen pagar grandes cantidades por ver sus testiculos, y ellos utilizan estos ingresos para mejorar la calidad de vida de la nacion tribal.

Que cojones tienen, jajaja

En la soledad de las horas


Hoy…

quisiera pecar de pensamiento,

como peca el viento,

rompiendo el silencio,

en la soledad de las horas.


Voy a pensar de nuevo en ti,

solo, callado,

sin un solo gesto;

contenido, silencioso,

tan solo por testigo,

pondré al alma.


Estoy seguro,

que toda esta expresión

será pecado.


Hoy…

abierto el corazón en cuatro trozos,

seré muda expresión de un arrebato,

que en la oscura prisión del pensamiento,

luchando por salir se esta muriendo.




Rayo de amor



La ternura que hoy tiene mi alma es un canto de amor,

un poema que habla de aquello que ahora vivimos,

que tal vez sea pecado por ser la mas loca pasión,

pero es fuerza que da al corazón el siguiente latido.


La ternura que expresa mi alma se vuelve emocion,

al sentir de tu luz los colores que nadie ha sentido,

diluida en un mundo de albores que expresa candor,

es un rayo de amor tan intenso que el cielo ha encendido.


La ternura que habita en mi alma musita por tí,

y le canta a la luna canciones ke nadie ha escuchado,

este verso es la dulce expresion de ese canto feliz,

por que nadie mi amor como yo con locura te ha amado.




lunes, 12 de enero de 2009

Para ti.. Carmen


Y me diste lo mejor de ti,
tu amistad, tu cariño y tu respeto.
Gracias Carmen.

sábado, 10 de enero de 2009

Y ellos los llamaron salvajes pieles rojas...




El Presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, envía en 1854 una oferta al Jefe de Seattle (Sioux) de la Tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos, los que hoy forman el Estado de Washington, prometiendo a cambio crear una "reservación" para el pueblo indígena, el Jefe Piel Roja le responde en 1855 con la más hermosa carta que jamás se haya escrito sobre el medio ambiente.



Jefe de los Caras Pálidas:

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra?, esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva con sigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. El será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar de que ella es sagrada, y deben enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, vosotros deberéis dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Una porción de tierra, para el tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las vuestras. Tal vez sea por que el hombre piel roja es un salvaje y no comprenda.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera, o el batir las alas de un insecto. Más tal vez sea por que soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Que resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas al rededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre - todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, el debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre vuestra oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo como es que el caballo humeante de fierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales?. Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales, en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Vosotros debéis enseñar a vuestros niños que el suelo bajo sus pies son la ceniza de vuestros abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a vuestros niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; el es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Vosotros podéis pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, El es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre blanco.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con las plantas? Están destruidas.
¿Qué ha sucedido con el águila? Ha desaparecido.
De hoy en adelante la vida ha terminado, Ahora empieza la sobrevivencia.

viernes, 9 de enero de 2009

Quien (soneto)


Quien no ha visto besarse a dos palomas,
mientras claman amor dándose arrullos,

entre flores que entregan los aromas,

que el aire va llevando entre murmullos.

Quien no ha visto perderse entre las olas,
gaviotas que suspiran un te quiero,
ansiando en su planear quedarse solas,
mientras vuelan en busca de un lucero.


Te juro que en mi esencia yo poseo,

un vuelo de palomas y en su arrullo,

te entrego la pasión de mi deseo.

Te juro que gaviotas en mi aliento,

han vuelto este soneto orilla y ola,
donde entrego a tu amor mi sentimiento.

Caramba



Caramba!


Parece que por fin.

Este Febrero de sombras

enciende mis ojos.


Acaso sea

el reflejo del mar,

que aunque agitado.


Recoge de los vientos el susurro,

de aquello que en el viento un día deje.


Quizá,

la prístina obsesión fuera quererte.


Ahora comprendo.


Esta absurda y mordaz melancolía

tan solo es el reflejo de mi alma,

en la luna sin mar de algún espejo.

Ese Olor





Ese olor a deseo que en mis sentidos

le quiebra el resistir a mi prudencia

va quemando con fuego los latidos

que provocan tus labios con vehemencia


Ese olor que en tu cuerpo es el perfume

que presagia una cálida batalla

me asedia, se disuelve y me consume

entre olas que llegan a mi playa


Ese olor es un templo entre tus piernas

que esperan mis caricias, separadas

mis manos mariposas siempre tiernas

ya palpan tu humedad, apasionadas


Ese olor me desata y te poseo

quiero dar a tu cuerpo besos sabios

me pierdo en este templo del deseo

tu sexo es puro fuego entre mis labios



jueves, 8 de enero de 2009

Memorias de un Africano (Capitulo II Kigali)


Capitulo II
Cuando me dijeron que estaba destinado de nuevo a Kigali, juro que sentí como en algún lugar, una nueva pagina de mi vida se abría, con su texto inédito y un guión insospechado. Tenía una sensación que jugaba a caballo entre el miedo y la esperanza; sentía ansiedad, una enorme ansiedad por saber que me esperaba en la capital del país.
Durante el viaje de regreso, trate de imaginar aquella ciudad del centro del país, y pensaba que en aquel lugar tendría “lujos” que ya había olvidado. Electricidad, agua caliente, un aseo en condiciones; elementos habituales a cualquier ciudadano del primer mundo, que allí eran “lujos”.
De haber sabido lo que el destino estaba a punto de enseñarme, juro que me habría quedado en Mont – Nemba.
Cuando llegue a la capital, las señales de la guerra civil eran ya mucho mas palpables que unos meses antes, incluso en algunas zonas de las afueras, el todos contra todos en que se estaba transformando aquel holocausto, se hacia palpable, ostensible y audible, en las horas de mayor silencio y oscuridad, entre fogonazos y explosiones fugaces o pertinaces, dependiendo de lo encarnizado del lance.
En una ocasión pude comprobar como acababan los sucesos de aquella guerra tribal, cuando eran ajusticiados prisioneros in situ, sin más juicio que una mirada y sin más razón que el odio y la estupidez. Entre los gritos aterrorizados de aquellos que pidiendo clemencia morían en medio de un charco de sangre con una bala en la cabeza, sometidos a la crueldad y las burlas de sus captores, siendo torturados cruelmente, prisioneros que dicho sea de paso, en la mayoría de las ocasiones eran niños, de entre los diez y los catorce años, y algunos los mas mayores, se acercaban como mucho a los dieciséis.
Todas las guerras son crueles, todas las guerras son injustificadas, nada, absolutamente nada, puede justificar la muerte de un ser humano a manos de otro ser humano; muchas veces me pregunto, en nombre de que estúpida razón nos matamos, y siempre me preguntare, en nombre de que razón o interés, alguien en algún lugar lejano, había decidido provocar aquella masacre tribal, aquella guerra de tribus de la edad de piedra, con armas de la era espacial.
Aunque realmente las armas que se manejaban, en la mayoría de los combates, como mucho alcanzaban a ser, desechos de la Segunda Gran Estupidez Humana.
Cuando me dijeron que estaba destinado al Hospital Infantil, el corazón dio un vuelco de esperanza, sentí que las fuerzas me salían de todas partes, y que la fuerza de este continente que habito entraba en mí como el fragor de una manada de elefantes africanos. Di gracias al cielo por que al fin podría ser útil en algo, y devolverle a la esperanza, a mi esperanza, la luz que había perdido. Dios, que lejos estaba de la realidad.
Aquel hospital, se encargaba de “reparar”, lo que estaban haciendo las minas anti- personal. En aquel, todos contra todos, la cifra de minas repartidas por el suelo del país, según los servicios de inteligencia francesa, era mareante, y para mi vergüenza, muchas de esas minas, habían sido fabricadas en mi propio país.
Mi primera semana en aquel lugar infernal, me hizo sentir las mismas sensaciones de impotencia y dolor que había sentido, durante mis “correrías” por Mont- Nemba, y las inmediaciones del Lago Rugwero.
Allí pude observar como médicos desesperados y sin medios luchaban por salvar vidas, con los medios que tenían a su alcance. A mi modesta opinión, los hospitales Europeos de finales del Siglo XIX, tenían en algunos casos medios más eficaces y más asepsia, que aquel lugar lleno de moscas.
En muchas ocasiones tenían que operar sin anestesia, y esterilizar sin los medios adecuados, el agua caliente, era uno de los medios mas usados en la mayoría de las ocasiones, y los vendajes a veces permanecían semanas sin ser cambiados, provocando infecciones tan graves que llevaban a la muerte a aquellos pobres inocentes, que habían tenido la “osadía” cruzar una calle en un momento inadecuado, o simplemente de jugar en aquel lugar habitual, que la noche anterior había sido literalmente, sembrado, de minas.
Todo en la vida tiene agravantes y atenuantes, dependiendo del cristal con el que mires las cosas, yo siempre he sido y creo que seré una persona muy optimista, pero hay momentos puntuales en los que en una locura semejante a la que vivíamos uno puede perder la fe y el optimismo, pues aquel enorme circo de despropósitos que bullía a mi alrededor tenia un terrible secreto guardado, un secreto que dejo mi espíritu totalmente destrozado, fue algo que paralizo mi corazón y dejo que un frío gélido se quedase a vivir en mi espalda para siempre.
En todas las grandes ciudades del mundo hay estercoleros y basureros, donde las alimañas, ratas, ratones, se alimentan de los desechos de la sociedad industrializada; al menos, eso es lo que siempre hemos concebido de un lugar así.
Junto al Hospital Infantil, había un enorme basurero, y como en este continente todo es peculiar, donde en otros continentes hay ratas y ratones, aquí hay hienas, que aprovechan las horas nocturnas para su rapiña, y buitres, las atalayas y las azoteas de las calles adyacentes están infectadas de enormes y feos buitres, que esperan pacientemente el siguiente cadáver de un ser humano, arrojado al basurero del hospital, para poder realizar su ritual necrófago.
Si, esa es la tremenda realidad, la tremenda vergüenza, la horrible y callada vergüenza de toda esta humanidad, mientras en las calles de los países desarrollados, se acumulan las basuras de la comida que nos sobra, en los basureros de Kigali, se acumulaban y me consta que aun sigue siendo así; seres humanos.
Seres humanos a los que cuesta mas enterrar dignamente, que arrojar a un estercolero, para ser devorados por las alimañas.
La terrible y cruda realidad, que se apodero de mi, y me hizo sumirme durante días en una desidia y una apatía enormes, me preguntaba a mi mismo por que, constantemente me repetía, por que, se tambaleaban mis cimientos religiosos, esos de ir por casa que nos inculcaron cuando éramos críos, y todo en mi horizonte se hizo negro, apático y negro.
No podía dormir casi no podía comer, recordaba aquellos enormes buitres devorando con saña, primero las partes blandas, luego la piel y los músculos y finalmente los huesos; Dios, no pude apartar la vista de aquello, mientras aquellas aves devoraban a alguien, que había pensado, sentido y caminado como mi igual, y ahora yacía a su suerte, simplemente por que si. Pensé que con solo haber nacido unos cientos de kilómetros más al sur, ese ser humano al que devoraban las rapaces podría haber sido yo.
Me sentí muy mal, mal por las personas que me rodeaban, a las que comenzaba a conocer y por las que comenzaba a sentir aprecio, me sentí muy mal por todos ellos, y sobre todo por los herederos de este mundo, aquellos que lo tendrán que vivir en sucesivas generaciones, que tendrán como “maestros” a semejantes estupidos.
Los unos, los que ejecutan la orden , los que siguen a la masa, esos que se transforman en una jauría incontrolada, con el poder del universo en las manos, para dar o quitar la vida y se creen dioses.
Y aun peor, los otros, los manipuladores, aquellas alimañas vestidas con traje de chaqueta, metidas en algún despacho, a cientos o a miles de kilómetros, abogando causas, que revierten en sus bolsillos, un río de dólares, que solo les sirve para crear mas maldad, mas mentira y mas hipocresía.
Esas alimañas de despacho, que nada, absolutamente nada, tienen que envidiarle a las que estaban devorando a aquel ser humano del estercolero del hospital.
Había visto cientos de veces escenas parecidas, en reportajes del Tibet, donde el mortal cobijo de nuestras almas es elevado por voluntad propia y por costumbre religiosa por las aves, y ese ritual es diferente, hay algo de trascendental en el, hay algo que confiere a todo ese ritual de un halo especial.
Aquello que estaba viendo, no era sino el fracaso de toda la humanidad, el fracaso de una humanidad, que empeñada en destruirse, se olvida de si misma, se oculta de si misma, se miente a si misma; en un ritual de despropósitos que la esta llevando poco a poco a su final.
Todo lo que se lanza al cielo, al final cae por su peso, y mientras no hagamos nada por nosotros mismos y sigamos conformándonos con ver lo solo lo que deseamos ver, mientras que sigamos sin querer ir mas allá de la comodidad de nuestro propio ego, y sigamos creyéndonos el ombligo de un mundo, cada vez mas injusto, estaremos abocados a desaparecer, tragados por nuestra propia miseria.

martes, 6 de enero de 2009

Memorias de un africano (Capitulo I Rwanda)



Capitulo I

Es inútil intentar recordar como llegue hasta allí, durante mucho tiempo me pregunte que me llevo a ese lugar, donde mi vida dio el vuelco, que me llevo a ser el proyecto de ser humano, que ahora soy. He caminado hasta gastar mis zapatos, y aún queda tanto camino por recorrer. No es que este cansado, tan siquiera es, que este pensando en parar a descansar un instante, solo es que a veces siento frío; frío, por esta soledad que siempre me acompaña, por que aun estando rodeado de tantas almas hermosas, aun estando acompañado de mis hijos y mi gente, se que hay muchos senderos de mi camino, que tendré que caminar solo. No es que me de miedo caminar, tan solo es que la soledad me da en la espalda, como un viento de invierno y siento frío.

Siempre había deseado estar en un lugar así, “Centro África” un lugar exótico, lleno de misterios, donde se unen la inmensa belleza de una tierra misteriosa, con el intenso drama de sus gentes.

Era el 14 de Enero de 1990, cuando puse mis pies por primera vez sobre el suelo de Kigali, la capital de Ruanda, nada hacia presagiar los momentos que habría de vivir y aun sigo preguntándome que fue lo que me llevo allí, que destino insondable llevo mi vida hacia ese lugar donde todo debería discurrir como una aventura terrible y hermosa, donde realmente la vida, me tenia guardado uno de los episodios mas inmensamente intensos de mi existencia.

Después de un par de días de asueto, fui trasladado desde la capital a un lugar llamado Mont - Nemba, un hermoso paraje situado junto al Lago Rugwero, que hace de frontera natural con el vecino país de Burundi. Allí varios poblados muy necesitados, se afanaban, en medio de tanta belleza, por subsistir en una de las zonas más pobres del sur del país, agobiados por enfermedades como la disentería y el botulismo. A ese lugar llegue yo, un Norteafricano con tintes Europeos,”mis rasgos son muy anglosajones”, y nada tenían que ver con aquel país y con aquella cultura.

Vivía cada paso, entre la fascinación y el interés, tan identificado con cada estampa, con cada situación. Tanto, que en algunos momentos, llegue a olvidarme de quien era, e incluso, que era lo que había ido a hacer allí.

Pasados unos meses, comenzamos a oír rumores, de que en el norte del país y en algunas de las aldeas fronterizas con Tanzania, estaban ocurriendo enfrentamientos tribales entre las dos facciones más dominantes en el país los Hutus y los Tutsi.

Los primeros formaban aproximadamente, el 90% de la población del país mientras los Tutsi se quedaban con una franja de población que rondaba entre el 7 y el 9% de la misma.

Como todo termina salpicando, y esta humanidad se sabe salpicar a si misma como nadie, un día cuando volvíamos de una de las aldeas a nuestro cargo, una intensa columna de humo negro, proveniente del siguiente poblado nos hizo presagiar, que esos vientos de guerra, tan traídos y llevados eran algo mas que vientos Cuando llegamos al poblado la visión era aterradora, el mismo Dante en sus infiernos escritos, había sido superado por un odio tribal, que posiblemente habría sido alimentado en algún despacho a miles de kilómetros de distancia, con el simple fin de vender mas armamento.

Cuerpos decapitados de jóvenes y ancianos, niños mutilados y degollados, ancianas asesinadas sin mas propósito que el de acabar con una raza, exterminar a aquellos que simplemente ocupaban un trozo de tierra de aquel lugar desde siempre y que ahora por conveniencias de alguien lejano, eran enemigos irreconciliables en una masacre que recordaba a los campos de concentración, de la segunda guerra mundial.

Allí en mitad de todo aquello, en mitad de una sinrazón tal, estaba yo un norteafricano, de rasgos anglosajones, con unas terribles nauseas por el fuerte olor a carne quemada, y sobre todo por la rabia y la impotencia de ver, como esta humanidad, a pesar de tanto que sufrió, a pesar de tanto maestro de lo que nunca debió ocurrir, después de tanta dictadura de tanto régimen totalitario, lo estaba consiguiendo de nuevo, nos estábamos superando a nosotros mismos; desgraciadamente no para lo bueno, desgraciadamente habíamos vuelto a fallar.

Allí en un confín de África, rodeado de tanta hermosura, perdido entre mis sueños, y con mis sueños perdidos, llore, como no lo había hecho jamás, y mirando al cielo pedí perdón.

Alguien, me dijo al contemplar tanto horror, “Dios a muerto, esto no lo puede permitir, esto no lo puede permitir”; recuerdo que me volví hacia el, con los brazos caídos, con las lagrimas brotando, y musite, “los únicos muertos, somos nosotros”, luego vomite. Corrí hacia alguien que pedía ayuda y comencé el macabro trabajo de unir cuerpos, y guardar en bolsas, mientras ese olor penetrante me calaba el alma, jamás lo olvidare, jamás olvidare el olor de la muerte, jamás.

El día había sido aterrador, parecía un matarife después de su trabajo, salpicado de sangre coagulada. Ni un solo herido, aquellos asesinos tribales, habían efectuado bien su macabra extinción, estaba destrozado, recuerdo la mirada de la doctora portuguesa, Maria, desesperanzada, vacía, llena de un intenso desasosiego. El resultado final de la masacre en números era terrible, 86 mujeres ancianos y niños, muertos, mutilados, degollados, y todas las mujeres del pueblo en edad fértil, secuestradas.

La técnica era efectiva y macabra, acabar con todos menos con las mujeres que luego de secuestradas, eran violadas y obligadas a vivir como esclavas, de este modo se aseguraban dos cosas, el genocidio étnico de los Tutsi y la imposibilidad una nueva expansión de la raza por medio de un cruce cruel y forzado.

Salimos del poblado en dirección a nuestro campamento con el alma en los pies, mientras los paracaidistas franceses tomaban el mando de la situación.

Habíamos caminado unos kilómetros, las sombras de la tarde se alargaban y la penumbra mordía con su velo. A unos trescientos metros del Jepp, caída cobre la cuneta, la sombra de una persona, destacaba sobre el polvo rojizo del camino. Paramos el vehículo y Maria, salto hacia la mujer con los ojos encendidos, después de tanta muerte, en su mirada, brillaba la esperanza de poder ser útil. Quizás esa sensación, habría pasado inadvertida en otras circunstancias, pero en aquel instante todos nosotros éramos conscientes de que la carrera de Maria, no era más que un canto a la vida, que le salía con rabia del alma.

Aquella mujer, sostenía en sus brazos a un niño muerto, degollado, nada se podía hacer ya por el, y poco mas se podía hacer por ella que darle el acomodo y la atención final, que se les da a los moribundos.

Se fue apagando con el día, mientras mi alma se ahogaba poco a poco, mientras mi corazón latía sin sentido.

Busque refugio entre las tiendas, poco a poco, con mil espinas clavadas en el alma, y llore; llore, como un niño sin madre, que añora su regazo.

El llanto oscureció mis pensamientos, y la oscuridad cegó mis sentidos, poco a poco me fui refugiando en mi interior, y sin saber como camine hacia mi tienda, me tumbe en el catre y me quede dormido, entre sopores y pensamientos, que me llevaban de un lugar a otro, preguntándome tantas cosas, que a penas si sabia responder a toda esa vorágine de dudas, sino con mas preguntas, mas dudas, y así, poco a poco me quede dormido.

No se que hora era, la luna estaba alta en el cielo, aun no me explico el por que la podía ver tan claramente a través del techo de la tienda, parecía que durmiese a la intemperie, algo hizo que me incorporase sobre mi lecho, tal vez un rumor, realmente no se que fue, pero lo que vieron mis ojos me hicieron abrirlos mas aun, quizás estaba loco, quizás estaba soñando, aun no lo se después de tantos años, aun no lo se, pero frente a mi, en la puerta de entrada de mi cabaña estaba aquella mujer que habíamos recogido aquella tarde, de pie, sonriendo, con su hijo en sus brazos, jugueteando con el pañuelo gris verdoso que cubría su cabeza.

Todo estaba confuso en mi cabeza, debía sentir miedo, y sentía paz, me levante, me acerque a ella, que amplio aun mas esa luna que en la cara formaba su sonrisa, de un modo tan tierno, tan lleno de paz, que me calo en el alma para siempre, jamás he vuelto a ver a nadie sonreír así, lo juro, jamás.

Una pregunta surgió de mi alma, simplemente musite, “¿por que, toda esta masacre; por que?”.

Había paz en aquellos ojos inmensos, me miro, sin perder la sonrisa, mirando fijamente, contesto; “Uno solo de vosotros que levante su alma por amor, una sola conciencia que despierte por nosotros, y todo esto habrá merecido la pena. Recuerda Juan, hasta el viento cuando pasa tiene un por que”.

Se llevo su mano a la boca y en un gesto inequívoco, me mando un beso, luego la mujer de amplia sonrisa giro sobre si misma y se marcho caminando Como el viento se perdió en las sombras.

A la mañana siguiente desperté, pensé que todo había sido un sueño, quizás lo fue, quizás no, pedí a mis compañeros que me ayudasen a enterar a aquella mujer en un lugar hermoso, yo mismo cave la fosa, y los enterré juntos a los dos, y encima de ellos plante un árbol, con la simple esperanza de que sus ramas den cobijo a aquella mujer y a su niño por toda la eternidad.